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domingo, 25 de mayo de 2014

Desmontando los mitos del parto

Hoy mi retoño cumple 11 meses. O lo que es lo mismo, hace 11 meses, a estas horas, yo ya había desentramado los misterios del parto. Qué mejor día para desmontar los mitos?.

1.- Saber diferenciar las contracciones. 
Este tema se trataba en una de las clases de preparación al parto. Te llega hasta a generar dudas de si sabrás distinguirlas. Jajajajajajajajajajajajajaja.
"Como un dolor de regla pero más fuerte" jajajajajajajajajajaja.
Ay, pobre ilusa!!. Podría decir que se parecían más a los cólicos de riñón que tuve en el embarazo. (Aún no había probado los delicados tactos de la matrona ¬¬)

2.- Cuando rompes aguas es como hacerte pis a lo bestia. 
Pues servidora rompió "aguas tímidas". Tan tímidas que incluso terminé de limpiar los muebles de la cocina, me fuí al súper a hacer la compra, preparé la comida, esperé al inminente papá, me duché, preparé la bolsa del hospital... Así que, cuando llegué a urgencias y me sentaron en la silla de ruedas por riesgo de que el cordón se estrangulara a consecuencia de llevar la bolsa rota, me quedé a cuadros. Sólo me faltó deshidratar al pobre retoño O_o


3.- Una vez que te ponen la epidural no sientes la piernas (como Rambo jajajaja)
Supongo que depende de la dosis. Yo estuve de pie mucho rato, con la epidural puesta, esperando que la gravedad hiciese su parte y ayudase al retaco a bajar, que no se le veía muy por la labor de querer salir a este mundo (no le culpo). 
El lado derecho no dejé de sentirlo del todo en ningún momento. Eso sí, santa epidural = gloria bendita. Hace tiempo que debería existir una petición en change.org para que beatifiquen a su inventor.
El parto con dolor para quien lo quiera. Será bonito y salvaje, seguro que sí, pero tiene que doler cosa mala. Salvo que la cosa vaya rapidita, supongo...

4.- Cuando tienes a tu niño en brazos se te olvida todo.
Y una mierda!. Cierto es que en ese preciso momento todo tu mundo se reduce a esa cosita húmeda que te acaban de entregar. La recompensa a tu esfuerzo, que te deja embelesada y totalmente desbordada de sentimientos (y de agotamiento y de sueño).
Pero cada vez que te sientas, con tu niño en brazos para darle de mamar (muchas veces) un tirón por ahí abajo te recuerda que tienes una episotomía, frecuentemente acompañada de una incómoda hemorroide. Y en ese momento ves las estrellas, por muy embelesada que estés con tu bebé.
Y cada vez que vas al baño (con no muy buen resultado) y te ves en el espejo, despeluchada, ojerosa, y pálida, con ese camisón, que en el mejor de los casos no te deja el culo al aire, te planteas si no se te habrá ido la pinza... Para tu tranquilidad descubres que no hay rejas.


5.- La horita corta
La horita corta, aunque se trate de una horita literalmente hablando (en mi caso así lo fue), no es precisamente lo que se conoce como corta.
Una horita corta es un capítulo de Juego de Tronos, que a lo que te das cuenta te plantan las letras del final.


Que si merece la pena?. Por supuesto. Pasaría por ello una y mil veces (bueno, a lo mejor alguna menos). Se olvida?. No. Yo me acuerdo de cada detalle. Ni subidón de oxitocina que te hace entrar en una especie de éxtasis, ni leches en vinagreta.
Aunque me estoy planteando que a lo mejor soy especialmente rencorosa...

6.- La lactancia adelgaza
Dar de mamar adelgaza por la cantidad de calorías que pierdes. Si si, la teoría es perfecta. Lo que no te cuentan es que te vuelves una loca fanática del chocolate, que a falta de tu dosis diaria, entras en estado de delirium tremens. Lo que conlleva un par de kilitos extra a los que te excediste en el embarazo. (Aún me sobran 4. Aissssss. Bueno 3,5).
Deberían de prohibir la caja de bombones como uno de los regalos estrella para la recién estrenada y flamante mamá, que luego no hay forma de dejar el vicio.



Con ello y con todo, no me despido sin antes dejarles un mensaje a las futuras mamás, que espero que no hayan dejado la entrada a medias, fruto del desánimo por mis palabras:

Por supuesto, TODO ESTO Y MUCHO MÁS MERECE LA PENA a cambio de la magia de crear vida. Ese es el único mito imposible de desmontar ^_^

martes, 22 de abril de 2014

Las marcas del parto

El parto deja marcas, si. Y no me refiero a las estrías o cicatrices. Hay otras marcas más profundas, que no sabemos que están ahí, y de pronto, zas!. Se presentan a traición en el momento más inesperado.

Hoy he tenido una consulta rutinaria con mi ginecólogo. El mismo que me llevó el embarazo y me atendió durante el parto, que algún día me animaré a contar en una entrada.

Me ha pedido que le refresque la memoria a grosso modo sobre los pormenores, y entre unas cosas y otras he acabado contándole lo mal que me sentí con el trato que me dio la matrona durante el proceso de dilatación, antes de que él llegara. Ha agradecido mi sinceridad y tomado buena nota de ello.

Para mi sorpresa, no he podido contener el llanto. No sabía que tuviera esa carga emocional tan grande, y más teniendo en cuenta que he hablado del tema en más de una ocasión y siempre con sentimiento de rabia, de despecho hacia ella. Nunca con angustia.

Reprochó mi forma de proceder ante la sospecha de que pudiera estar de parto. Me daba respuestas cortantes, hacía comentarios impropios para ese momento... Parecía que le molestara tener que atenderme. Me hizo sentir torpe, insegura. Cuestionó mi umbral del dolor ante sus tactos insoportables y demasiado numerosos.
Enturbió mi momento y hoy, diez meses después, las lágrimas me han enturbiado los ojos al recordarlo. Afortunadamente hoy sí he tenido consuelo, comprensión, apoyo y un hombro sobre el que llorar.  

En las clases de preparación al parto hacían especial mención a que la matrona lo es por vocación y que está para apoyar y para acompañarnos durante el proceso. Ojalá yo lo hubiera vivido así.




No sé si tendré otro hijo o no. No es algo que me plantee en la actualidad. Pero sí hay algo que tengo claro. Ahora que sé a lo que me enfrento, que ya no tengo ese miedo a lo desconocido, sé cómo quiero que sea mi momento. No quiero volver a acabar llorando diez meses después.